Le cortaron un dedo por haberse quedado con dinero de La Barbie, uno de los miembros más sanguinarios de la organización dirigida por los hermanos Beltrán Leyva. Desde entonces, fue conocido en el narco como El 19. Sus patrones le perdonaron la falta y andando el tiempo le encomendaron una misión especial: Trabajar como enganchador. Comprar a policías federales, militares y ex elementos del Ejército, para que accedieran a "colaborar" con los cabecillas del cártel de Sinaloa...
El libro detalla diversos casos como el de "Felipe", un testigo protegido del gobierno de EU descubierto desde su puesto en la oficina …
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