Max fue el primer ejemplar de Lebensborn, programa eugenésico nazi que intentó «regenerar» la raza de todos los territorios ocupados por el Reich. Era un bebé perfecto: tamaño adecuado, peso exacto, medidas proporcionadas, cabello rubio en el tono preciso y ojos de un azul impecable. Bautizado por el mismo Führer como Konrad von Kebnersol, Max tenía un futuro prometedor como un digno joven alemán, representante incólume de su madre, Alemania, y de su padre, Hitler. Aunque para ello tuviera que criarse en total soledad, desconectado de sus emociones y sin ningún tipo de afecto.
Desde pequeño acató las reglas del …
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