Los conceptos de educación y, por supuesto, de educación lectora han de pensarse de forma más global, ampliando y diversificando los contextos educativos, sociales y culturales en los distintos lugares donde se producen. El papel potenciador y las limitaciones de la escuela en relación con los procesos de educación lectora y de la creación de hábitos lectores, han de complementarse con el trabajo realizado por otras entidades e instituciones, como la familia, las bibliotecas, las asociaciones culturales y otras organizaciones cívicas y sociales, cuyos objetivos se centran en promocionar la lectura y formar lectores con estrategias enfocadas a motivar el placer de leer. …
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