El escritor es siempre el «sospechoso», el exiliado por excelencia. En el caso de Norman Manea esta definición coincide plenamente con el contenido de su biografía y de su obra. Deportado de niño a un campo de concentración desde 1941 hasta el final de la Segunda Guerra Mundial por su condición de judío, ya en la madurez se expatrió de Rumania, su país nativo, para escapar del régimen totalitario de Ceausescu. Su lenta e inexorable aproximación a la literatura le ha permitido construirse una identidad rica y poliédrica, con la vasta visión del mundo propia de los exiliados.
En este …
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