Este libro se dirige a todos aquellos que estén cansados de ser demasiado serviciales y demasiado complacientes por miedo a que los abandonen. A aquellos que evitan el conflicto por miedo al rechazo.
El miedo al conflicto apoltrona, estanca y empobrece, por ello oprimimos y encorsetamos nuestra personalidad para agradar y que no nos castiguen. Tememos nuestra propia rabia, aceptamos la sumisión, mendigamos amor y creamos relaciones de poder en las que somos o dominantes o sumisos. Normalizamos, permitimos y pasamos por alto los abusos de baja intensidad. Creemos que ser buenos consiste en no expresar el enfado.
Adriana Royo …
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