“Nunca creí en nada. Crecí en el seno de una familia de clase media, de origen judío, agnóstica e intelectual. A mí no me enseñaron a rezar. No me leyeron la Biblia. En casa no tuvimos ceremonias religiosas y en toda mi vida no fui más de tres veces a un templo o a una iglesia (…). Tal vez por esa carencia me interesó el auge de búsquedas espirituales que se dio en la Argentina de un tiempo a esta parte. Tal vez por eso decidí acercarme, escuchar, ignorar al superyó racionalista y formar parte de la tendencia yo también.” …
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