La historia de un pariente de Ambrosio que vivió en la Antigua Grecia y acompañó a un atleta a participar de los Juegos Olímpicos.
Al principio, cuando se le acercó, él tuvo miedo. Si hasta pensó en mostrarle los dientes y poner cara de perro malo. Pero Niceas le hizo un mimo redondo y largo, detrás de las orejas. Y después otro mimo. Y otro más. Lindos eran esos mimos. Tan lindos que se le pasó el miedo y, en lugar de mostrar los dientes y poner cara de perro malo, le movió la cola (cinco veces se la movió). …
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